Por delante el período de vacaciones, alejados de la rutina habitual y el colegio, por lo que muchas familias relajan los hábitos adquiridos y las medidas preventivas.

Esto es supone  que el parásito aproveche para reproducirse con fuerza, más aún con las elevadas temperaturas de la temporada estival.

El calor mejora la condición de vida y aumenta la reproducción de liendres a lo que le sumamos las actividades habituales en la temporada estival; Piscinas, campamentos y playas son los lugares más comunes en los que los que se produce la infestación.

Aunque la pediculosis puede afectar tanto a la infancia como a personas adultas, lo cierto es que es entre los 3 y los 11 años cuando más casos se producen, en torno a un 6%. Por este motivo, el riesgo de contagio de piojos en campamentos, piscinas y actividades propias del verano es especialmente elevado.

“Los niños pasan juntos mucho tiempo jugando y durmiendo, y tienden a compartir almohadas, gorros, toallas e incluso pinzas para el pelo, en el caso de las niñas”, explica la doctora Aurora Guerra, presidenta de la Sociedad de Dermatología de la Comunidad Autónoma de Madrid y miembro del Centro de Información de la Pediculosis.

De hecho, es en los meses de julio, agosto y septiembre cuando más tratamientos de eliminación de piojos y liendres realizamos en nuestro centro.

Por eso es importante mantener las estrategias preventivas para no tener  que realizar finalmente un tratamiento que los elimine.